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México Aikido Kenjoshinkan

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Col. Hdas de Coyoacán,

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Ciudad de México

©Copyrigth 1996 Todos los derechos reservados

Fotografías con derecho de autor Héctor Arturo Cid Rosas con excepción de Imágenes de O´sensei y pagina de equipo de enseñanza. Diseño web Héctor Arturo Cid R.

En 1912, el gobierno japonés anunció el comienzo del “Proyecto Hokaido”, animando al pueblo a establecerse en la isla no desarrollada del extremo norte. El espacio adicional y las nuevas tierras de cultivo eran necesarias para el bienestar de la nación; además, los rusos estaban mostrando interés en ese lugar estratégico.

La aventura de una nueva vida y su devoción al Japón desafiaron nuevamente a Ueshiba, de modo que a la edad de 29 años organizó a un grupo de 80 personas provenientes de 54 familias de la zona y juntos se mudaron a la aldea de Shirataki, en el condado Monbetsu de Hokaido. La tierra fría era dura e inhospitalaria, recia para producir con los esfuerzos de los nuevos pobladores; tormentas y nieves pesadas que hacían imposibles los intentos de establecerse acosaron a la gente; tierra fue tratada de limpiar para el cultivo, pero las lluvias frías los empujaban a sus refugios construidos en forma precipitada.

El progreso fue lento y el precio pagado en tiempo y sufrimiento fue alto. Los dos primeros años trajeron pobres cosechas y muchas dificultades, lo que provocó que los ánimos estuvieran bajos, sin embargo Ueshiba estimuló a todos dando un ejemplo con su optimismo y su trabajo constante en el establecimiento en la aldea y su propósito determinado en las negociaciones para obtener fondos de cada posible fuente.

Dos años más tarde la tierra produjo su cosecha, largamente esperada, y el pueblo comenzó a sentir que la permanencia era posible. Cada uno de los proyectos fue obtenido: el cultivo de menta, la cría de ganado y la granja lechera. Estos, basados en el plan de Ueshiba, probaron ser importantes factores en el desarrollo de Shirataki. La aldea cobró nueva vida; gracias a ello, el pueblo comenzó a llamar a Ueshiba “el rey de Shirataki”, y cuando tenían problemas llegaban a él en busca de consejo y ayuda. Él, por su parte, sirvió como miembro del consejo de la aldea y asistió a una excavación exploratoria para encontrar recursos minerales.

En 1915 conoció a Segaku Takeda, maestro de la escuela de Ju-jutsu Dayto ryu, quien tuvo ocasionalmente que pasar por la región. Ueshiba se mostró impresionado por la técnica de Takeda y continuó en busca del Budo con el estudio del Dayto ryu. En noviembre de ese año, para su 36º aniversario, recibió noticias de que su padre se hallaba en condición crítica. Dejando Hokaido, entregó todas sus pertenencias al maestro Takeda por su aprecio y por todo lo que le había enseñado. Partió de regreso a Tanabe, pero fue desviado de su camino por ciertas historias referidas a un hombre llamado Onisaburo Deguchi, de la nueva secta de Shinto Omotokio. Deguchi era el maestro de la práctica espiritual llamada Chin Kon Kishin, un camino de comunicación con el espíritu divino de Kami a través de la concentrada meditación. Con la esperanza de un milagro, Ueshiba fue a Ayabe, cerca de Kioto, para decir oraciones que aliviaran la crítica condición de su padre. Ya cerca de Tanabe, se enteró que su padre había muerto. Su pena fue profunda y se sumergió más y más tiempo en oración y meditación. Pronto, los pensamientos de Ueshiba retornaron a la bondad de Deguchi y su aproximación revolucionaria a las enseñanzas espirituales tradicionales. Se mudó a Ayabe y entró en la vida religiosa de Omotokio.

Deguchi amaba y respetaba a Ueshiba, por lo que le invistió de mucha autoridad y responsabilidad. Deguchi le dijo: "Usted debería hacer del Budo su vida, usted tiene la fuerza para mover las montañas. Hágalo". Actuando sobre este consejo, el fundador abrió la escuela Ueshiba de artes marciales. Enseñó mayormente a los que tenían alguna conexión con la Omotokio, pero su fama como artista marcial rápidamente se extendió entre otras personas. Limpió y cultivó la tierra cerca del principal hall de Omotokio, conduciendo su vida como granjero autosuficiente al tiempo que puso en práctica sus ideas sobre la unidad esencial del Budo.

Estudió Koto-dama, la vibración y el poder de cada monosílabo, el sonido de cada monosílabo, que tiene influencia única y propia, tanto en el mundo espiritual como en el físico. La función espiritual del sonido fue un aspecto principal en su búsqueda del espíritu verdadero del Budo, y en forma gradual comenzó a lograr la unidad de espíritu, mente y cuerpo.

En 1923, el fundador oficialmente denominó a su arte Aikibujutsu (Aiki-bu-jutsu: mezcla del espíritu basado en el movimiento marcial clásico); Jutsu es técnica, opuesta a Do, que es el camino o medio. Al siguiente año acompañó a Deguchi a Manchuria, buscando un lugar que sirviera como el centro espiritual para un mundo cooperativo del pueblo de las cinco razas y colores. La visión de la Omotokio se basaba en la idea de que todas las enseñanzas se desarrollan en un solo origen; su camino los guio por muchos encuentros tensos con bandidos armados y soldados profesionales.

 

Durante este tiempo, el fundador había llegado a un nivel tan avanzado de alerta espiritual que aun cuando fuera atacado con un arma de fuego, él podía anticipar la agresión en forma de un perceptible punto de luz que precedía a la bala inmediatamente. Luego describió su experiencia: “Antes de que el oponente pueda disparar el gatillo, su intención de matar se conforma en una pelota de luz espiritual que vuela hacia mí. Si yo evado esta pelota de luz, ninguna bala puede tocarme”.

Luego de retornar al Japón en 1925, el fundador se dedicó a obtener la maestría en el arte de la Danza. Practicó día y noche, utilizando sus propios métodos de entrenamiento físico y purificación espiritual, mientras que su práctica alcanzaba niveles más altos; su habilidad marcial tomó una cualidad casi sobrehumana.

En la culminación de un periodo de entrenamiento intenso particular, durante una práctica de meditación-purificación, tuvo la revelación que había estado buscando toda su vida. En aquel momento, al tiempo que el espíritu del universo se apoderó de su cuerpo con una luz dorada intermitente, tomó la esencia del Ki, que íntimamente le permitió comprender el proceso del universo y el saber que la fuente del Budo es el espíritu de protección de todas las cosas.

Budo no es para derrotar al oponente por su propia fuerza; no es tampoco la herramienta para conducir al mundo a la destrucción por las armas. “El verdadero Budo es aceptar el espíritu del universo, mantener la paz del mundo, producir correctamente, proteger y cultivar a todos los seres en la naturaleza”. Morihei Ueshiba.

Mientras él se dedicaba a sí mismo a estudios más avanzados y al establecimiento del nuevo camino del Budo, el nombre de Morihei Ueshiba y la palabra de su increíble habilidad se extendieron en los círculos del Budo a través de Japón. Viajó por el país enseñando Aikido, al igual que gente de todos los caminos de la vida se acercó en busca de su guía.

Con la ayuda de muchos mecenas en 1930, el entrenamiento temporario fue extendido para incluir un espacio de tatami de más de 1,400 pies cuadrados. Este hall de entrenamiento fue llamado Kobu-Kan Dojo; Dojo se refiere al lugar donde es estudiado el camino, mientras Kobukan indica una búsqueda de la verdad trascendiendo una conciencia humana ordinaria. Fue ubicado en el distrito Wakamatsu de Shinjiuku, Tokio.

Aquel año Shigoro Kano, el fundador del Judo Kodokan, visitó a Ueshiba en el Dojo. Luego de ver la habilidad suprema del maestro, Ueshiba dijo: “Éste es mi ideal en Budo”, y envió a dos de sus estudiantes a estudiar. Así también, muchos jóvenes practicantes de Judo vinieron a estudiar a la escuela de Ueshiba; uno de ellos fue Kenji Tomiki, el guía del Judo-club en la universidad de Waseda. Tomiki, posteriormente desarrolló un aikijutsu fuera del Aikido que incluyó competencias. Al mismo tiempo, Gozo Shioda, el gran maestro del Aikido Yoshintan, estudió como aprendiz del fundador.

No fue fácil para los miembros del público general unirse al Dojo; sólo aquellos con recomendaciones de dos garantes confiables podían entrar como estudiantes. La práctica era tan intensa y rigurosa que el Dojo ganó el apodo del “Dojo del infierno”. Tal era la difusión que muchas personas famosas, guías en lo militar, gobierno, negocios, educación y artes, entraron en la escuela de Ueshiba, y a través de estos contactos, el maestro enseñó a la fuerza policial y se conectó con la corte imperial. En 1932, el maestro Ueshiba se encontró muy ocupado enseñando y dando demostraciones del arte y así fue como sucursales del Dojo fueron establecidas en otras partes de Tokio, Osaka y Kioto. Aikido se expandió muy rápidamente por todo el país.

En 1942, cuando el esfuerzo de guerra se intensificó, Ueshiba se encontró conflictuado gravemente por la disparidad entre sus ideas de la cooperación del mundo y el estado que presentaban las relaciones mundiales. Acompañado por su esposa Hatsu se fue al pueblo de Iwama, en la prefectura de Ibaraki, y de nuevo comenzó a limpiar la tierra para cultivar. Allí construyó el Dojo al aire libre y un santuario Aiki que sirviera como refugio espiritual.

El fundador dijo en aquel momento: “Hay cada vez más y más personas entre los militares que son descuidados e indiscriminados con su poder. Han olvidado la importancia de ayudar al pueblo. Un grupo de idiotas se han ensoberbecido, extendiendo su violencia, sus mentes cerradas y su desenfrenada destrucción de la vida. No liberan de sufrimiento. ¡Qué idiotas en ir contra de la naturaleza, contra la voluntad de Kami! El camino del Budo es poner nueva vida en la fuerza de vida original y universal que da nacimiento a todas las cosas. Armonía, amor y cortesía son esenciales para el verdadero Budo, pero la gente que está en el poder en estos días están solamente interesados en jugar con las armas. Ellos representan malamente al Budo como una herramienta para las luchas de poder, violencia y destrucción. Y quieren hacer uso de mí para lograr este fin. Estoy cansado de esta estupidez y no tengo intención de permitirles transformarme en su herramienta. Yo no veo otro camino que ir a retiro”.

El fundador sostuvo fuertemente su propia creencia y enseñó a todos los que quisieran escucharlo. El camino o la senda del Budo está fundada en la unión del Budo y de la granja, por ello, durante y luego de la Segunda Guerra Mundial, el fundador se dedicó a la granja y buscó la perfección del Takemusu Aiki, su ideal. Es esencial que se ponga en práctica la producción de la fuerza de vida a través del Takemusu Aiki.

Esperando profundamente en su corazón estaba la creencia de que el camino del Budo es el camino de la compasión; la tarea del verdadero samurai es hacer el mundo fértil para la paz y proteger la vida. En su pena por el sufrimiento y la destrucción causada por el conflicto pasó largas horas en oración. Aunque el maestro Ueshiba alcanzó niveles de alerta espiritual obtenidos por pocos, continuó todavía su búsqueda por el poder de la verdad. No obstante esto, careciendo virtualmente de entradas de dinero, vivió en extrema pobreza, entrenando cuerpo y espíritu y trabajando la tierra.

En 1948, Japón estaba volviendo a pararse luego del caos de la guerra. Hasta aquel momento el cuartel general de las fuerzas de ocupación americanas había prohibido toda enseñanza del Budo, sin embargo por la causa del énfasis en la paz y en la búsqueda de la verdad, Aikido fue permitido y reasumió una activa parte en la sociedad. El nombre fue cambiado de Kobukan a la fundación Aikikai, y fue guiada por el hijo del fundador, Kishomaru Ueshiba. Una vez más, la actividad comenzó y las enseñanzas de Aikido se extendieron por el público en general. El fundador, respetuosamente llamado O’Sensei, gran maestro, estaba todavía en Iwama, llevando una vida de Budo y de granja mientras continuaba orando por la paz mundial.

De tiempo en tiempo venía a Tokio, a pedido de sus estudiantes, para dar conferencias sobre los principios del Aikido y enseñar técnica. En 1959, como público reconocimiento al Aikido, la fama de O’Sensei se extendió a través de Japón y el extranjero y por ello también hubo un marcado aumento del número de personas que llegaron al Dojo buscando instrucción, y algunos estudiantes principales comenzaron a tomar parte activa en la enseñanza fuera de las fronteras.

Todos los que fueron tocados por O’Sensei sintieron que sus corazones quedaron limpios por su nobleza y fuerza espiritual; "La radiante pureza de su compasión e interés hizo que nos avergonzáramos profundamente por las agresiones egoístas que encontrábamos en nosotros mismos".

Mientras Japón estaba en la prosecución de su política económica de crecimiento acelerado, hubo muchas personas que lucharon contra la pobreza para llevar al público el Aikido de O’Sensei, convirtiéndose en una oración viviente por la armonía, la paz y el amor a escala mundial incomparable en la historia del Budo.

Entre estas personas estuvieron Kisaburo Osawa, Shigenobu Okumura, Hiroshi Tada, Sadateru Arikawa; todos ellos son hoy los más viejos shihan, instructores de Aikido. Ellos trabajaron de manera devota detrás de escena en el principal Dojo de Tokio, ayudando a Kishomaru Ueshiba. Especial mención debe ser hecha a Seigo Yamaguchi, quien abandonó una promisoria carrera y vivió en la pobreza para ayudar a la expansión del Aikido. Otro shihan, Morihiro Saito, sirvió para la importante función de tomar a su cargo a O’Sensei en Iwama. Koichi Tohei introdujo por primera vez las enseñanzas de Aikido en los E.E.U.U. Muchos shihanes gastaron su tiempo y dinero en abrir sucursales a través de Japón.

Hubo muchas personas de altos cargos e influyentes, de elevado status social y riqueza que contribuyeron al crecimiento de Aikido y su asistencia fue invaluable, pero no debemos olvidar los esfuerzos de individuos anónimos cuya dedicación extendió su luz. Fueron los miles de desconocidos estudiantes serios, impresionados por las enseñanzas de O’Sensei, quienes ofrecieron la base viviente y el soporte para la alta creciente en Aikido.

Aquel O’Sensei que trató a todos los estudiantes por igual y nos enseñó con una gran sinceridad, permanecerá siempre vívido en mi memoria.

En abril 26 de 1969, el gran maestro Morihei Ueshiba completó su espacio natural de vida terrena. Ese mismo día, el gobierno japonés le confirió el más estimado de muchos honores y condecoraciones, la Orden del Sagrado Tesoro, que sirvió para la fundación y para el desarrollo del Aikido.

“El verdadero Budo es aceptar el espíritu del universo, mantener la paz del mundo, producir correctamente, proteger y cultivar a todos los seres en la naturaleza”